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El problema
Cada tienda vendía, el almacén fabricaba y repartía, y nadie tenía la foto completa. Saber qué se entregaba cada día obligaba a cruzar a mano varias hojas de cálculo con el programa de gestión; los pedidos con datos incompletos —sin zona, sin fecha, sin proyecto— se descubrían cuando ya era tarde, y la mercancía que llegaba al almacén se apuntaba aparte de lo que decía el sistema. Muchas veces el retraso lo detectaba el cliente al llamar.