Si has pedido tres presupuestos para tu web, es probable que tengas delante números que no se parecen en nada: 900 €, 2.400 € y 6.000 €. Y la sensación, razonable, de que alguien te está intentando colar algo.
Casi nunca es así. Lo que suele pasar es que los tres han presupuestado cosas distintas y ninguno lo ha dicho con claridad.
Este artículo tiene dos partes: los rangos que se manejan hoy en el mercado español, para que sepas si lo que te han pasado está dentro de lo normal, y —lo que de verdad sirve— las preguntas que convierten tres propuestas incomparables en tres propuestas comparables.
La respuesta corta
Estos son los rangos que se ven en el mercado español en 2026. No son mis tarifas: son la horquilla en la que se mueven agencias, estudios y profesionales independientes, y te sirven para situar lo que te han presupuestado.
| Tipo de web | Rango habitual |
|---|---|
| Landing page (una sola página) | 500 – 1.500 € |
| Web de presentación (5-10 páginas) | 800 – 2.500 € |
| Web corporativa con blog y SEO | 2.500 – 6.000 € |
| Tienda online sencilla | 1.800 – 5.000 € |
| Tienda online con integraciones | 5.000 – 12.000 € |
| Plataforma o funcionalidad a medida | desde 8.000 € |
Dos cosas antes de seguir. La primera: dentro de un mismo tipo, la diferencia entre el extremo bajo y el alto es de tres o cuatro veces, y eso no es capricho —es lo que explica el resto del artículo—. La segunda: una web es un rango, no un precio, y cualquiera que te dé una cifra cerrada sin haber preguntado nada te está vendiendo una plantilla o se la está jugando.
Por qué dos presupuestos de “la misma web” se llevan miles de euros
Porque casi nunca es la misma web. Estas son las cinco diferencias que más peso tienen, por orden de lo que he visto que más encarece o abarata:
1. Quién escribe los textos
Es la partida que más presupuestos rompe y la que menos aparece explicada. Una web de siete páginas necesita siete textos pensados para vender, no siete párrafos de relleno.
Si los escribes tú, el precio baja. Si los escribe el proveedor, sube —y con razón: redactar bien es un trabajo, no un extra—. Lo que no funciona es la tercera opción, que es la habitual: nadie los escribe, el proyecto se queda parado tres meses esperando, y acaba publicándose con textos improvisados en una tarde.
Cuando compares dos presupuestos, mira si dicen quién redacta. Suele explicar la mitad de la diferencia.
2. Diseño propio o plantilla rellenada
Comprar una plantilla y adaptarla es una decisión legítima y a veces la correcta. Diseñar la web a partir de lo que tu negocio necesita enseñar es otro trabajo distinto, y cuesta otra cosa.
El problema no es la plantilla: es pagar precio de diseño a medida por una plantilla, o esperar resultado de diseño a medida habiendo pagado una plantilla.
3. Si hay que conectar la web con algo más
Una web que solo informa es un proyecto. Una web que consulta stock, que crea el pedido en el programa de gestión, que sincroniza precios o que avisa al equipo cuando entra un formulario es otro proyecto, aunque por fuera se vean igual.
Cada integración con un sistema externo añade trabajo y, sobre todo, añade incertidumbre: si ese programa no tiene una forma limpia de entrar, el coste se dispara. Por eso conviene comprobarlo antes de presupuestar, no después.
4. Si la estructura se piensa para posicionar
Publicar una web y que Google la encuentre son dos cosas distintas. Decidir qué páginas existen, qué busca la gente y qué texto va en cada una es trabajo previo al diseño, y se nota en el precio.
Puedes saltártelo. Solo tienes que saber que entonces la web es un folleto: sirve para enseñarla a quien ya te conoce, no para que te encuentren.
5. Qué pasa cuando algo se rompe
Un presupuesto que termina en “entrega” y otro que incluye un periodo de correcciones y soporte no son el mismo presupuesto, aunque las dos webs se vean iguales el día uno.
Lo que no suele venir en el presupuesto
Estos costes existen siempre, los mencione la propuesta o no:
- Dominio: unos 10-20 € al año.
- Alojamiento: entre 50 y 300 € al año, según si es compartido o algo más serio.
- Mantenimiento: desde unos 20 € al mes en una web sencilla. Actualizaciones, copias de seguridad y estar pendiente de que siga en pie.
- Fotografía: si no tienes fotos propias decentes, o compras banco de imágenes o contratas a alguien. Las fotos genéricas se notan.
- Licencias: algunos temas y extensiones son de pago anual. Conviene saber cuáles antes, no cuando caducan.
La cuenta que casi nadie hace es la de tres años, y es la que de verdad compara dos opciones. Una web de 1.200 € con 40 €/mes de plataforma cerrada sale por 2.640 € en tres años. Una de 2.500 € con 25 €/mes de mantenimiento sale por 3.400 €. Están mucho más cerca de lo que parecían el primer día, y en una de las dos te llevas la web si te vas.
Las siete preguntas que hacen comparable un presupuesto
Esto es lo que yo preguntaría antes de firmar nada. Sirven para cualquier proveedor, yo incluido:
- ¿Quién escribe los textos? Y si los escribo yo, ¿para cuándo los necesitáis?
- ¿El diseño es propio o parte de una plantilla? Ninguna respuesta es mala; lo malo es no saberla.
- ¿De quién es la web cuando esté terminada? ¿Me llevo el dominio, los archivos y los accesos si algún día me voy?
- ¿Dónde se aloja y quién paga ese alojamiento?
- ¿Qué incluye después de publicar? ¿Cuánto tiempo de correcciones, y qué cuenta como corrección y qué como cambio nuevo?
- ¿Puedo editar los textos yo mismo o cada cambio de una coma pasa por vosotros?
- ¿Qué pasa si necesito una función nueva dentro de un año? ¿Se puede, y aproximadamente cuánto costaría?
Con esas siete respuestas por escrito, los tres presupuestos que no se parecían en nada empiezan a compararse solos. Y a veces resulta que el barato era el caro.
Cuándo una web barata es la decisión correcta
No siempre hace falta gastarse tres mil euros. Si acabas de empezar, si todavía no sabes exactamente qué vendes o si la web solo tiene que existir para que alguien confirme que eres real, una plantilla bien montada es una decisión sensata y no hay que darle más vueltas.
La web barata sale cara en otro escenario: cuando esperabas clientes de ella. Ahí el problema no es que costara poco, es que se compró una cosa creyendo que era otra. Y rehacerla cuesta más que haberla hecho bien, porque además has perdido un año.
Cómo lo planteo yo
Presupuesto por escrito y con el alcance detallado antes de empezar: qué páginas, quién escribe qué, qué integraciones y qué pasa después de publicar. Si algo de lo que me pides no compensa —y a veces la respuesta honesta es que con una plantilla vas servido—, te lo digo antes de cobrarlo.
Puedes ver cómo trabajo el desarrollo web o contarme qué necesitas y te digo cómo se resuelve, en cuánto tiempo y cuánto cuesta. Respondo en menos de 24 horas.